Memoria 2018

Memoria 2018

El año 2018 fue un año negativo para la economía argentina. El PBI, que al inicio del año se esperaba que creciera y que por primera vez desde 2011 volviera a registrar dos años seguidos con variaciones positivas, cayó 2,5%, alcanzando el mismo nivel de junio de 2010. 

Este escenario estuvo acompañado por una inflación de 47,6%, la más alta desde 1991.

Ambos indicadores, junto a su comparación histórica, demuestran el mal presente de la economía argentina, y por supuesto que afectó al consumo. Pero antes de hablar de las ventas hay que repasar sus dos principales drivers: cápitas que reciben un salario y evolución real del ingreso. 

En el primer punto hay que destacar que en 2018 se destruyeron 139.000 puestos de trabajo, esto es 25% de los creados en 2017. Pero es importante destacar que la pérdida “real” fue superior porque se crearon 77.000 puestos de trabajo precarios. Por el lado de los salarios, éstos aumentaron 34,6% en 2018 mientras que la inflación lo hizo 47,6%. Esa pérdida real de 13 puntos se vio reflejada en las ventas minoristas.

En este sentido, el retail, que es fundamental para la economía local porque el consumo participa en casi 70% del PBI, tuvo una caída en las ventas de 6,8%, con el agravante que registró seis mermas anuales en siete años.

Este escenario trajo desconfianza y se observó en el precio del dólar, que aumentó 101% para finalizar el año en $38,11. Por supuesto que esto también tuvo su correlato en las tasas de interés: para las colocaciones a plazo fijo se finalizó el año con una remuneración de 50% anual, mientras que las empresas de primera línea se financiaron al 70% anual. Y esto ocurrió a pesar que se recibió auxilio financiero del FMI por un u$s57.100 millones y que el Déficit Fiscal Primario, que si bien continúa siendo muy alto, bajó desde -4,1% a -2,7% del PBI. Esta baja no derivó en una mayor confianza porque aumentó el pago de intereses por la deuda.

 

Perspectivas 2019

El aumento del desempleo y la precarización del empleo está haciendo que la Confianza del Consumidor se encuentre en uno de los puntos más bajos desde 2002. Esto sumado a que a 80 días de comenzado el año, el Gobierno ya tuvo que revisar su proyección de inflación para este año, hace pensar que será muy difícil que la actitud de los consumidores se modifique y vuelvan a tener intenciones de incrementar sus compras. 

Ese pensamiento tiene aún más sustento cuando consideramos que 2019 es un año de elecciones presidenciales y que muchas empresas (varias emblemáticas como Coca Cola, Molinos Cañuelas, etc) han abierto Procesos Preventivos de Crisis para suspender y/o reducir personal o directamente ingresado en Concurso de Acreedores.

A esto hay que sumar que el Gobierno no va incrementar la Base Monetaria para contener a la inflación todo lo que pueda (tiene un piso en 35%), con lo cual el consumo tiende a estancarse más porque habrá la misma cantidad de pesos para comprar bienes y servicios cada vez más altos.

Pero volviendo a las elecciones, siempre que hay que votar en las Presidenciales aumenta el atesoramiento de dólares. Esto hará que el BCRA vuelva a incrementar la tasa de interés, ocasionando mayores dificultades financieras a las actuales y posiblemente, aunque no lo quiera, reduciendo el stock disponible para que la banca otorgue créditos, ya que en un escenario de esta naturaleza, el stock de depósitos caerá en términos reales.

Este combo hará que la economía finalice 2019 con una caída superior a 1,5%, retrasando muchas decisiones de inversión del sector privado.


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